La investigación comunitaria constituye una práctica académica, ética y política orientada a la construcción colectiva de conocimientos situados. En el marco del Sistema Modular Intercultural (SMI), va más allá de la aplicación de técnicas para estudiar una comunidad, pues implica un proceso de diálogo, colaboración y corresponsabilidad entre la Universidad y los territorios. Su punto de partida es el reconocimiento de que las comunidades, barrios, pueblos, colectivos y sujetos sociales producen conocimientos válidos sobre sus propias realidades, necesidades, memorias, problemáticas y horizontes de transformación.
Desde esta perspectiva, la investigación comunitaria se vincula con la tradición de la investigación-acción participativa, entendida como una forma de producir conocimiento articulada con la acción social, la reflexión crítica y la participación de los sujetos involucrados en el proceso investigativo. También se nutre de la pedagogía crítica de Paulo Freire, para quien el conocimiento se construye mediante el diálogo, la problematización de la realidad y la capacidad de los sujetos para leer críticamente el mundo que habitan. En este sentido, investigar comunitariamente supone construir preguntas con las comunidades, generar diagnósticos participativos, analizar colectivamente las causas de los problemas y diseñar acciones pertinentes para atenderlos.
Su relevancia dentro del Sistema Modular Intercultural (SMI) radica en que permite superar modelos educativos desvinculados de los territorios. La investigación comunitaria favorece que los procesos formativos respondan a problemáticas reales, culturalmente situadas y socialmente significativas. Además, contribuye a cuestionar las jerarquías históricas entre conocimiento académico y saberes comunitarios, particularmente cuando dichas jerarquías han reproducido formas de exclusión, colonialidad, racismo, sexismo o despojo epistémico. Como advierte Tuhiwai Smith, la investigación ha estado históricamente vinculada con prácticas coloniales de extracción de información; por ello, un enfoque decolonial exige construir metodologías respetuosas, culturalmente pertinentes y orientadas al beneficio de las comunidades.
En el SMI, la investigación comunitaria es también una vía para fortalecer la justicia socioterritorial. Al colocar en el centro las experiencias, saberes y prioridades de los territorios, permite identificar problemáticas relacionadas con la sustentabilidad, el patrimonio biocultural, la salud comunitaria, las violencias, la desigualdad de género, el acceso a derechos, la memoria colectiva, la gestión cultural, el turismo comunitario, los sistemas agroalimentarios y las formas locales de organización social. De esta manera, la investigación se convierte en un proceso formativo y transformador, donde estudiantes, docentes y comunidades participan en la construcción de alternativas contextualizadas.
Las principales líneas de acción de la investigación comunitaria dentro del modelo de educación intercultural son las siguientes:
En síntesis, la investigación comunitaria es una dimensión sustantiva de la educación intercultural porque articula formación académica, compromiso social, diálogo de saberes y transformación territorial. Su propósito es producir conocimiento pertinente, situado y socialmente útil, a partir de relaciones éticas, horizontales y corresponsables entre la Universidad y las comunidades. Desde esta perspectiva, investigar es también acompañar, escuchar, aprender, dialogar y construir colectivamente condiciones más justas, dignas y sustentables para los territorios.